San Miguel de Monte: historia viva contada por Gustavo Villalba
A 91 años de su fundación, el Club Atlético San Miguel de Monte se consolida como mucho más que una institución deportiva: es historia viva, identidad colectiva y un espacio donde generaciones enteras construyen pertenencia.
Para Gustavo Villalba, referente histórico del club, ese vínculo es personal y profundo. “San Miguel se lleva en la sangre”, resume. Su historia con la institución comenzó desde muy chico, acompañando a su padre, quien formaba parte de la comisión directiva y continuaba una tradición familiar que se remonta a los orígenes mismos del club, con parientes entre sus socios fundadores.
Aquellos primeros años estaban marcados por el esfuerzo y la pasión. Villalba recuerda una época donde todo era más precario, pero no por eso menos comprometido. “Era muy difícil hacer las notas, tener una máquina de escribir era un lujo”, cuenta, en referencia al trabajo cotidiano que implicaba sostener la vida institucional.
El crecimiento del club, sin embargo, fue sostenido. Desde vestuarios improvisados y una infraestructura limitada, San Miguel pasó a convertirse en una institución con predio propio, múltiples canchas, pileta, sede social, salón de eventos y una amplia oferta deportiva que incluye fútbol, rugby, patín y actividades para todas las edades. “En 25 años ha crecido una enormidad nuestra institución”, destaca.
Entre los hitos que marcaron esa evolución aparece una anécdota inolvidable: la llegada del campeón del mundo Ubaldo Fillol. “Cambiarnos con un campeón del mundo no tiene precio”, recuerda Villalba. Aquella experiencia no solo jerarquizó lo deportivo, sino que también impulsó mejoras concretas como tribunas, iluminación y vestuarios.
Pero más allá de la infraestructura, el corazón del club sigue estando en lo cotidiano. En cada entrenamiento, en cada encuentro, y especialmente en los más chicos. “Los ves correr para compartir una chocolatada… eso no tiene precio”, dice, resaltando el rol social que cumple la institución como espacio de contención e igualdad.
El club también se sostiene gracias al compromiso colectivo: rifas, eventos y el trabajo constante de las comisiones directivas permiten proyectar nuevas obras y mejoras. “No hay límites en cuanto al crecimiento”, asegura Villalba, quien destaca el rol de quienes continúan impulsando el desarrollo día a día.
En lo deportivo, los objetivos se renuevan cada año. Tras logros recientes en divisiones infantiles, el desafío es volver a pelear campeonatos en primera. “Nuestro sueño está ahí, creemos que este año se puede dar”, afirma.
Con historia, presente y futuro, el Club Atlético San Miguel de Monte reafirma su esencia: un club de familia, de comunidad y de pertenencia, donde cada paso adelante se construye entre todos.








