Alfonso Basso: juventud, compromiso y un nuevo desafío en EFIL
A los 22 años, Alfonso Basso atraviesa una etapa distinta dentro del hockey. Lejos de la cancha como jugador, pero cada vez más involucrado desde otro rol, hoy es el director técnico de la Primera e Intermedia del plantel femenino de EFIL, en un momento que define como de transición y construcción.
Su historia con el hockey comenzó temprano, en Lobos Athletic Club, siguiendo los pasos de su hermano mayor. Desde entonces, el vínculo fue ininterrumpido durante más de una década, pasando por distintos clubes y experiencias que marcaron su formación. Tras sus inicios en LAC, continuó su desarrollo en EFIL y luego dio un salto importante al jugar en Club Mitre, donde compitió en la máxima categoría del hockey metropolitano.
“Fue una experiencia increíble”, resume sobre su paso por Mitre. Allí no solo alcanzó logros deportivos, como campeonatos en Quinta y Primera, sino que también incorporó conceptos clave del juego. La intensidad, el orden táctico y el nivel de exigencia de la competencia son aprendizajes que hoy intenta trasladar a su rol como entrenador.
Su llegada a EFIL se dio a partir del contacto con la coordinación del club, en un contexto desafiante: un plantel joven, con recambio de jugadoras y varias bajas por lesiones. “Es un equipo que tiene que ir ganando experiencia”, explica. A pesar de un inicio irregular, destaca la evolución del grupo y confía en que los resultados llegarán con el tiempo.
En su día a día como técnico, hay una palabra que se repite: intensidad. Basso insiste en la importancia del compromiso, el esfuerzo y la inteligencia para jugar, especialmente en un equipo con rotación limitada. “Hay días en los que las cosas no salen, y ahí hay que correr el doble”, señala.
Para él, más allá de lo técnico, el valor fundamental de un equipo es el compañerismo. “Son once jugadores que tienen que tirar para el mismo lado y dar todo por el que tienen al lado”, afirma. Esa idea atraviesa su forma de entender el hockey y de construir grupo.
De sus entrenadores, rescata enseñanzas que van más allá del juego. Destaca especialmente a quienes lo formaron en EFIL y en Mitre, no solo por lo táctico, sino por los valores humanos que le transmitieron. “De todos tomé algo”, asegura.
Con un plantel en formación, los objetivos son claros: competir, crecer y sostener el proceso. “Nos toca luchar desde abajo”, reconoce, sin perder de vista que el desarrollo lleva tiempo. En ese camino, también influyen las particularidades del equipo, como jugadoras que estudian fuera de la ciudad y no pueden entrenar todos los días.
Aun así, el foco está puesto en la evolución. “Queremos que el equipo se afiance, que las más grandes acompañen a las más chicas y crecer desde lo mental para saber jugar partidos difíciles”, explica.
De cara al futuro, Basso no descarta volver a jugar. “Es algo que tengo muy presente”, admite. Pero hoy su energía está puesta en este nuevo desafío, donde busca dejar una huella clara: un equipo con identidad, compromiso y ganas de crecer.
“Me gustaría que la gente vea eso: un grupo que tiene ganas, que pelea y que busca mejorar. Que se note el esfuerzo y el crecimiento, más allá de los resultados”.











