
Gustavo Sbocci: “Alumni está por sobre todas las cosas, en mi corazón”
Para Gustavo Sbocci, Alumni de Roque Pérez no es simplemente un club. Es una parte importante de su historia y de su vida. Su vínculo con la institución comenzó cuando tenía 8 o 9 años, cuando vivía en el campo, a 22 kilómetros del pueblo, y fue invitado a jugar al fútbol.
Sus abuelos vivían a media cuadra de la cancha y, a través del club, comenzó a hacer amigos y a conocer una parte de Roque Pérez que hasta ese momento le era ajena. Con el tiempo, ese vínculo fue mucho más allá del fútbol: Alumni fue el espacio donde hizo sus primeros amigos, dio sus primeros pasos en la vida social y encontró una pertenencia.
“Si no se generaba ese vínculo con el club, tal vez ni siquiera iba a hacer la secundaria”, reconoce Gustavo. Fue a partir de esos lazos que comenzó a acercarse al pueblo, donde luego hizo la secundaria, continuó sus estudios y finalmente se convirtió en profesional. Por eso, su relación con Alumni también está atravesada por el agradecimiento.
Entre sus primeros recuerdos aparecen los viajes para jugar torneos en Bariloche, Entre Ríos y Mar del Plata, lugares que pudo conocer gracias al fútbol. Y también escenas mucho más simples, pero que quedaron grabadas: como aquella primera vez que se puso unos botines. “Los tiraban en una bolsa en el medio del vestuario y vos tenías que agarrar más o menos el número tuyo. Tener la sensación de jugar con tapones era toda una novedad”, recuerda.
Con los años, Gustavo también fue protagonista de distintas etapas del club. Fue jugador, dirigente, presidente y director técnico, y formó parte del grupo que trabajó para recuperar el fútbol de Alumni después de 11 años sin competencia.


Entre tantas historias, recuerda especialmente aquel 1-0 frente a Rivadavia en 2013, cuando le tocó dirigir al equipo con apenas diez jugadores y logró quitarle el invicto a un rival que tenía un gran plantel. Pero también guarda recuerdos que van más allá de los resultados.
Uno de los que más valora es haber podido generar en otros chicos experiencias parecidas a las que él vivió. “Mandar chicos al Mundialito de Mar del Plata y que hoy tengan 17, 18 o 19 años, jueguen en Primera y se acuerden de que conocieron el mar gracias al club es algo muy lindo”.
Esa función social es, para Gustavo, parte de la identidad de Alumni. Lo define como un club humilde, familiar y cercano a las necesidades de la comunidad. El merendero, que funciona tres veces por semana, es una muestra concreta de ese compromiso.
La infraestructura también cambió con los años. De aquella vieja cancha con apenas dos hilos de alambre a los vestuarios, el salón y los alambrados construidos a pulmón, cada avance tiene detrás el trabajo de muchas personas. “A Alumni siempre le cuesta un poquito más y siempre se necesita de la gente”, destaca.
Y justamente en su gente está, para Gustavo, una de las mayores fortalezas del club. “El hincha de Alumni es incondicional. Los clubes son de la gente, de los socios, y eso es lo que los hace grandes. Alumni es grande por su gente”.
En este nuevo aniversario, su principal deseo no pasa por los resultados, aunque obviamente espera que lleguen. Lo que quiere es que Alumni conserve aquello que lo hizo especial.
“Me gustaría que Alumni nunca pierda su esencia, su humildad, esas características que tiene. Después, los resultados, cuanto mejor vengan, mejor”.
Hoy ya no es dirigente ni jugador, pero sigue presente. Acompaña al equipo los domingos y continúa colaborando con el merendero. Su vínculo simplemente tomó otra forma.
“Gran parte de mi vida pasa en Alumni. Mi vínculo con el club va a ser para siempre, para toda la vida”.
Porque para Gustavo, Alumni fue mucho más que un club de fútbol: fue el lugar donde empezó a construir vínculos, donde conoció el pueblo y donde dio algunos de sus primeros pasos. Y con los años, también se convirtió en un lugar al que eligió devolverle un poco de todo lo que recibió.










