
EFIL: 49 años formando jugadores, construyendo amistades y dejando huellas en Lobos
Fundada el 4 de noviembre de 1977, la Escuela de Fútbol Infantil Lobos celebró un nuevo aniversario. Rafael Amadei y Gabriel Arévalo, desde distintas etapas de su historia, recuerdan sus experiencias, a las personas que hicieron crecer la institución y los valores que siguen definiendo su identidad.
Casi cinco décadas de historia no se construyen solamente con partidos, goles y campeonatos. También se construyen con tardes de entrenamiento, viajes inolvidables, dirigentes que trabajan en silencio y amistades que perduran mucho después de dejar de jugar.
Para Rafael Amadei, la historia con EFIL comenzó cuando tenía alrededor de siete años, en 1977. Fue Guillermo Marro, papá de Teti, quien lo invitó a sumarse después de verlo jugar en el colegio. Su primer entrenamiento fue justamente con él, y desde entonces comenzó una etapa que recuerda con enorme cariño.





“Fueron años divinos, épocas de crecimiento y de disfrute. Tengo recuerdos de ser súper feliz”, cuenta.
Entre tantas experiencias, hay un viaje que ocupa un lugar especial: el que realizaron a Gremio de Porto Alegre, en Brasil. Viajaron cuatro colectivos durante más de 24 horas para disputar un partido preliminar de la Copa Libertadores. También recuerda los viajes a Mar del Plata, Santa Fe y Bariloche, aventuras que reflejaban el esfuerzo y la organización de una institución que ya se destacaba en la región.
Con el paso de los años, EFIL fue creciendo: adquirió un predio, una cancha, un colectivo y construyó su sede. Más adelante incorporó las divisiones superiores y sumó el hockey, una disciplina que significó un gran impulso para la institución.
En ese recorrido, Rafael destaca el trabajo de las distintas comisiones directivas, especialmente la de fines de los años setenta y principios de los ochenta, en la que participó su padre como presidente. Para él, cada generación de dirigentes aportó algo para que el club siguiera avanzando.
Su vínculo con EFIL fue mucho más allá de la infancia: jugó durante años en las distintas categorías, llegó a la Primera División, continuó en Segunda, fue director técnico y también formó parte de la comisión. Una historia familiar que, además, incluye a sus hermanos.
“Para mí el club representa todo”, resume.
Gabriel Arévalo llegó a EFIL en 1999, invitado por Marcelo Paniccia para integrar el equipo de Primera División dirigido por Poroto Salustio. Venía de una etapa en la que había tenido pocas oportunidades en otros clubes y encontró allí un lugar donde pudo disfrutar del fútbol y construir amistades.
Ese mismo año, el equipo consiguió el campeonato. Pero entre sus recuerdos más valiosos aparecen también las pequeñas cosas de aquellos tiempos: los entrenamientos iluminados por apenas dos focos amarillos, las camisetas limpias cada domingo, las pelotas y la cancha preparada para jugar de local.
Detrás de cada detalle había personas que trabajaban para que los jugadores pudieran disfrutar. Gabriel recuerda especialmente a Horacio Tomassini y Carmen, Rulo Apella, Candermo, Beto Guzmán, Cacho Maglione y Nancy, Marcelo Amadei, Arturo Morresi, Poroto Salustio y Marcelo Paniccia, entre otros. También destaca el trabajo de dirigentes y colaboradores de distintas etapas, hasta llegar a quienes hoy siguen sosteniendo la institución.
Con los años, pudo observar cómo EFIL amplió su propuesta y sumó nuevas disciplinas. Aunque reconoce que al principio esos cambios pudieron generar cierta resistencia, considera que la incorporación del hockey fue fundamental para darle continuidad al crecimiento y sumar nuevas personas a la familia del club.
Una identidad que se construye entre todos
Al hablar de lo que EFIL transmite, ambos coinciden en que su importancia excede lo deportivo.
Rafael destaca el valor social y emocional de crecer dentro de un club. Todavía mantiene el contacto con compañeros de su categoría, la 1970, y considera que esas experiencias compartidas durante la infancia dejan una huella que ningún resultado deportivo puede reemplazar.
Gabriel, por su parte, resume la identidad de EFIL en valores como el respeto, el esfuerzo, el trabajo y el sentido de pertenencia. También destaca la importancia de darles lugar a los jugadores formados en la institución, sin poner la búsqueda de resultados por encima de su desarrollo.





“EFIL es trabajo, esfuerzo, respeto, FAMILIA”, afirma.
De cara al futuro, Rafael desea que la institución siga creciendo y que cada vez más chicos puedan disfrutar de un club que considera familiar y especial. Gabriel, que no nació futbolísticamente en EFIL pero encontró allí un lugar propio, deja una invitación para quienes todavía no se acercaron: “EFIL tiene las puertas abiertas. Yo no nací en EFIL y EFIL me hizo parte”.
A 49 años de su fundación, las historias de Rafael y Gabriel reflejan dos momentos diferentes de una misma identidad. Porque EFIL no es solamente el lugar donde muchos aprendieron a jugar al fútbol: es también donde encontraron amigos, incorporaron valores y construyeron recuerdos que siguen acompañándolos toda la vida.
Casi cinco décadas después, el desafío sigue siendo el mismo: crecer, abrir las puertas y mantener viva esa familia que se formó alrededor de una pelota.










