Una final con dos historias de esfuerzo
Este domingo comenzará a escribirse una nueva página en la historia de la Liga Lobense de Fútbol. En el estadio Luis Caracoch, Madreselva y San Miguel de Monte disputarán el partido de ida de una final que promete emociones, con dos instituciones que llegan después de recorrer caminos diferentes, pero sostenidas por el esfuerzo de dirigentes, cuerpos técnicos, jugadores e hinchas.
En Madreselva todavía está fresca la herida de la final perdida el año pasado. Sin embargo, lejos de transformarse en frustración, esa experiencia fortaleció al club y lo impulsó a volver a estar entre los mejores. Su presidente, Pablo Enríquez, define este presente como un momento de «mucha felicidad y orgullo», especialmente en un torneo que considera cada vez más competitivo.
«El equipo es una síntesis de lo que es hoy el club: sacrificio, compromiso y trabajo a pulmón», resume el dirigente. Para Enríquez, la campaña refleja la identidad de una institución que, sin grandes recursos, compite de igual a igual y nunca baja los brazos.
La final tendrá además un condimento especial: el primer encuentro se jugará en el estadio Luis Caracoch, la casa de Madreselva. «Es nuestro hogar, donde compartimos entrenamientos, mates y la vida cotidiana del club. Recibir una final acá representa muchísimo», asegura.
Del otro lado estará San Miguel de Monte, que vuelve a una definición después de 18 años. La última final había sido en 2008 y la expectativa es enorme. Gustavo Villalba, integrante de la dirigencia, entiende que este presente no es casualidad, sino el resultado de un proyecto que viene consolidándose desde hace tiempo.
«Siempre fuimos protagonistas, aunque muchas veces no se dio. Esta vez todo el trabajo encontró recompensa y estamos donde queríamos estar», sostiene.
Uno de los aspectos que más destaca Villalba es el crecimiento institucional. San Miguel cuenta con un importante predio deportivo, múltiples canchas, sede social y un fuerte desarrollo de sus divisiones inferiores, de donde hoy surgieron más de diez futbolistas que integran el plantel de Primera División.
«Detrás del equipo hay una comisión directiva que trabaja todos los días: organiza viajes, atiende la cantina, cobra entradas y acompaña al plantel en cada detalle. Es un trabajo colectivo», explica.
También reconoce el valor del cuerpo técnico encabezado por «Cocho» Peralta, acompañado por Eduardo Angeleri y el resto del grupo de trabajo, además del compromiso de un plantel que realizó una intensa pretemporada y logró mantenerse unido durante toda la temporada.
Más allá de la rivalidad deportiva, ambos dirigentes coinciden en un deseo: que la final sea una verdadera fiesta del fútbol regional.
En Madreselva confían en el respaldo de una hinchada que consideran «el jugador que empuja todo el tiempo» y convocan a las familias a disfrutar del espectáculo. En San Miguel, mientras tanto, esperan una multitud acompañando al equipo hasta Lobos con la ilusión intacta de volver a levantar un título después de muchos años.
Quedan 180 minutos por delante. Para uno será el regreso a la gloria; para el otro, la revancha esperada. Pero, gane quien gane, la final encuentra a dos clubes que llegaron hasta aquí respaldados por proyectos sólidos, mucho trabajo silencioso y una pasión que trasciende el resultado.








