Los hermanos Riscino: una historia marcada por el fútbol y potenciada por las redes
El apellido Riscino empieza a hacerse un lugar propio dentro del fútbol de Lobos. Mateo, Nicola y Francisco construyen su camino desde una base común —el Club Salgado— pero con recorridos que hoy los encuentran en distintas etapas, siempre atravesados por la misma pasión: la pelota.
El fútbol en su vida no fue una elección aislada, sino una consecuencia natural del entorno. Con un padre ligado al deporte, tanto como jugador como entrenador, el primer acercamiento llegó desde chicos. “Lo más natural fue arrancar”, cuentan. Mateo, el mayor, abrió el camino, y con el tiempo sus hermanos siguieron sus pasos.
Más allá de haber probado otras disciplinas, los tres coinciden en que el fútbol siempre terminó imponiéndose. La constancia, los entrenamientos diarios y el juego compartido en casa consolidaron una elección que nunca se puso realmente en duda.
En ese proceso de formación, el Club Salgado ocupó un rol central. No solo desde lo futbolístico, sino también desde lo humano. “Fue una escuela para nosotros. Nos inculcaron valores como el respeto, el compañerismo y el hacer amigos”, destacan, marcando la importancia del club en su desarrollo.
Actualmente, Mateo y Nicola integran el plantel superior de Salgado, mientras que Francisco dio un paso más en su carrera al sumarse a Cañuelas Fútbol Club, donde forma parte de la reserva. Su llegada se dio tras una prueba a fines de 2021, y desde 2022 comenzó a transitar una experiencia diferente. “La adaptación fue difícil al principio, sobre todo por el ritmo y lo físico, pero con el tiempo y el apoyo de mis compañeros me fui acomodando”, explica.
Ese salto le permitió al menor de los Riscino sumar roce con el plantel de primera, participando en pretemporadas que le dejaron aprendizajes importantes. Su objetivo es claro: dar el salto al profesionalismo. En paralelo, Nicola apunta a seguir representando de la mejor manera a Salgado, mientras que Mateo continúa consolidándose dentro del plantel superior.
Compartir la misma pasión también genera una dinámica particular entre ellos. La competencia está presente, pero en clave de juego. “Nos chicaneamos mucho: si uno hace un gol, si al otro lo expulsan… no nos dejamos pasar una”, cuentan. Sin embargo, también hay un fuerte acompañamiento: “Siempre tratamos de ayudarnos con cosas que vemos que el otro puede mejorar”.
Dentro de esa convivencia futbolera, también aparecen las definiciones internas: Francisco es señalado como el más talentoso, Nicola como el más gracioso, y Mateo como el más competitivo, el más temperamental y el de mayor carácter. Aunque en algo no hay discusión: “Entre los tres nos escuchamos”.
Con una base sólida en el deporte, los hermanos comenzaron a explorar otro terreno que hoy también forma parte de su identidad: las redes sociales. Lo que empezó casi de manera casual, tras el buen impacto en TikTok, se transformó en una comunidad de más de 77 mil seguidores en Instagram.
“Nicola siempre hacía videos graciosos, pero quedaban en la familia. Cuando vimos que funcionaban, los empezamos a compartir”, explican. Lejos de alejarse del fútbol, el contenido convive con su realidad cotidiana. Aunque no es el eje principal, aparece de manera natural, mezclado con situaciones típicas entre hermanos.
El objetivo, aseguran, es claro: seguir divirtiéndose y mantener el vínculo con la gente. “Nunca recibimos comentarios negativos, siempre hay buena onda”, remarcan. Y aunque no se consideran referentes, ya empezaron a notar el reconocimiento fuera de su ciudad.
De cara al futuro, los caminos se proyectan con distintas metas, pero un mismo espíritu. Francisco apunta a vivir del fútbol, mientras que Mateo y Nicola buscan formarse profesionalmente sin descartar seguir desarrollando su faceta en redes.
En un contexto donde muchos caminos se cruzan, los Riscino lograron algo poco común: sostener el foco en el deporte, sin dejar de lado una identidad propia que los acerca a la gente. Una historia que, con el fútbol como base, todavía tiene mucho por recorrer.











