Un domingo sin fútbol, no es domingo

 

 

 

Hoy no fue un lindo domingo, la falta de fútbol se notó más que nunca. Es verdad que Lobos es una ciudad muy deportiva y que cualquier otra actividad puede suplantar la falta de una pelota en una cancha, pero así también somos una localidad totalmente futbolera.

A veces se podría decir que las suspensiones de algunas fechas podrían evitarse, aunque son los clubes los que definen si sus campos de juego están, o no, aptos para jugar. Lo verídico de éste fin de semana es que la gran cantidad de agua caída en Lobos y la zona hizo que no haya fútbol ni sábado ni domingo. Y con justa razón.

Un domingo en casa, sin ir a la cancha, duele. Y duele mucho. Para los futboleros acostumbrados a alentar a sus equipos cada siete días, la suspensión de una fecha es como un disparo al medio del corazón. Ahí, donde más duele. La abstinencia de estar sentado en una tribuna no se compara con nada.

Y cómo dijo Ignacio Copani en su canción «Domingo sin fútbol», la tarde tiene ganas de dormir. Y un domingo sin una pelota se pasa casi tan lento como una muerte dolorosa. Pero este fin de semana no fue sólo un día, sino dos. Y es porque los menores también se quedaron sin su fecha, y nosotros con la ilusión por el piso de verlos detrás de un balón.

En estos casos sólo resta pedirle a alguien que ésto no suceda más: al cielo. Me vi en la obligación de ver reflejado lo que muchos sentimos al no poder asistir a una cancha en el día, semanal, internacional del fútbol. Ésta breve reseña no sirvió para apaciguar mi dolor, pero sí para que muchos entiendan que no comparten solos ese sentimiento.

El fútbol no es solo mi pasión, sino que también es parte de mi trabajo. Pero lo vivo como ustedes: disfruto del buen juego y me retiro lleno de bronca con un 0 a 0, aunque en esos 90 minutos se hayan generado muchas ocasiones de gol.

 

*Por Guido Francabila