Natalia Zampelunghe, una vida en Athletic
Hay historias que no se miden en años, sino en pertenencia. La de Natalia Zampelunghe es una de ellas. Referente indiscutida del hockey de Lobos Athletic Club, su recorrido combina compromiso, pasión y una construcción silenciosa que la convirtió en una figura clave dentro y fuera de la cancha.
Su vínculo con el club comenzó temprano. Tenía apenas 12 años cuando empezó a jugar al hockey en Las Delicias, bajo la formación de Claudio Delía. Ese mismo año, el grupo dio el salto a Athletic. “Cuando uno es chico no toma tanta conciencia, pero con el tiempo, los torneos, las horas compartidas, enseguida me hice hincha”, recuerda.
Con el paso de los años, ese sentido de pertenencia se volvió central en su vida. “Todo el tiempo estoy pensando en el hockey, en el club, en cómo mejorar. Cuando uno se convierte en dirigente, ya no puede ver sólo su disciplina, tiene que pensar en el bien común”, explica, dejando ver una mirada que trasciende lo deportivo.
Su historia dentro del club está marcada por momentos inolvidables. Si bien menciona viajes, selecciones y experiencias compartidas, hay uno que se destaca por sobre todos: el 2017, año en que se retiró como jugadora en una final en Everton, consagrándose campeona. “Ese es mi recuerdo más lindo”, afirma.
Sin embargo, su crecimiento no fue lineal ni planificado. Hubo una pausa en su carrera, motivada por cuestiones personales, que la alejó momentáneamente del hockey. Pero el regreso fue inevitable. “Un día fui al club, vi la cancha, estaba todo tan lindo que dije: tengo que volver. Y volví”.
Ese regreso marcó también un punto de inflexión. Alrededor de 2015 logró afianzarse como arquera, en gran parte gracias a la influencia de un entrenador que le aportó herramientas técnicas clave. A partir de ahí, comenzó a gestarse otra etapa: la de entrenadora. “Empecé a sentir ese gusto por enseñar, por acompañar a otras jugadoras”, cuenta.
Hoy, su rol es múltiple: formadora, coordinadora y dirigente. Y aunque nunca se propuso llegar a ese lugar, reconoce que el camino se fue dando de manera natural. “Es un ida y vuelta. Uno puede querer hacer muchas cosas, pero si del otro lado no hay respuesta, no se avanza”.
Ser referente también implica responsabilidades. Natalia lo tiene claro: “Tengo mucho carácter y soy enojona, pero hay cosas que no me puedo permitir. Hay chicos que miran y uno tiene que ser ejemplo”.
Detrás de ese compromiso hay también sacrificios invisibles. “Mis hijos. Muchas veces los llevaba a partidos o reuniones. Eso poca gente lo sabe y menos lo entiende”, confiesa.
A la hora de hablar de lo que deja el deporte, su mirada es profunda: “Perdiendo aprendí que hay que entrenar el doble, tener madurez emocional. Y que los recuerdos más lindos son los compartidos, más allá de los resultados”.
Si su historia en el club fuera un partido, no duda en ubicarse “empezando el segundo tiempo”. Una nueva etapa que la encuentra desde otro lugar, pero con la misma pasión. “Siempre fui ganando. El club siempre me dio más de lo que yo doy”.
Lejos de pensar en logros personales, su mirada sigue puesta en el crecimiento colectivo. “Pienso en que el club mejore, en generar ingresos, en tener mejores espacios, en que todos los deportistas estén a gusto”.
Y si hay algo que le gustaría dejar como legado, es simple pero contundente: “Que me recuerden bien, que a pesar del carácter pude dejar alguna enseñanza”.
Porque hay personas que hacen historia, y otras que, sin proponérselo, se convierten en parte esencial de la identidad de un club. Natalia Zampelunghe, sin dudas, es una de ellas.











