Maxi Maglione: leyenda de los tres palos

 

 

*Por Guido Francabila.

«Como portero necesitas ser bueno en organizar la gente delante tuya y motivarlos. Necesitas ver qué está ocurriendo y reaccionar a las amenazas. Justo como un buen jefe en los negocios», así describió Peter Shilton a los arqueros.

Y él no es uno más del montón. Claro que no. Cuando me decidí a escribir sobre este muchacho, que quizás no reunía físicamente los atributos que debía tener un arquero, me di cuenta de que no es uno más de todos. Es especial y así lo ha demostrado en cada lugar que estuvo, en cada club y en cada arco que defendió.

Estoy hablando de Maxi Maglione, de ese lobense que salió hasta en Olé tras acumular el récord de 723 minutos sin recibir goles con la camiseta de Cañuelas F.C . Sin dudas un pibe que se hizo querer en cada institución que dijo presente y que supo vencer las adversidades que la vida le propuso.

Hijo del inolvidable Walter Maglione, a los 8 años comenzó un largo recorrido que perdura hasta el día de hoy en la valla de E.F.I.L. Su recordado y querido padre le inculcó el hábito de defender los tres palos, luego de atajar en la Reserva de Banfield hasta que su rodilla dijo basta. De ahí, Walter pasó al Club Cañuelas durante cuatro temporadas y su legado continuaría tiempo después con Maxi en el arco del tambero.

De Octava a Primera, «el culón» (conocido así por sus amigos) defendió con uñas y dientes el arco del lobo, club del cual es fanático. «El chumila» Aguirre, Alfonso Regina y Luciano Sabbatini, entre otros, fueron sus grandes compañeros en éste largo camino. Esos guerreros que todo soldado debe tener a su lado para afianzarse en cada batalla que se disputa domingo a domingo.

Las comparaciones con Gonzalo Gruccio, otro gran arquero de nuestra Liga que hoy milita en Atlético Roque Pérez, son a menudo cual Maradona con Messi. Pero al igual que con los dos cracks de la historia del fútbol, yo prefiero disfrutarlo a los dos. Verlos atajar es un placer, y tenerlos en el equipo da esa seguridad para pensar que los tres puntos siempre son posible, por más grande que sea el rival.

El orden que manifiesta dentro de la cancha es algo que lo destaca. La seguridad con los pies y las atajadas en partidos claves es algo que lo caracteriza, aunque él mismo reconoció que «las salidas me cuestan y es algo a mejorar». Tengo la suerte de llevar una especie de amistad con él, algo que gracias a Dios me lo permitió el fútbol. Es grande dentro y fuera de la cancha, algo que no pocos logran.

Su presencia en dos grandes planteles como el de Cañuelas 2012/13 y el EFIL campeón de 2015 hicieron que su figura acrecentara con el paso del tiempo y se vuelva aun más legítima para todos los seguidores de nuestro fútbol. Todavía recuerdo que los reflejos que tuvo jugando para el lobito en la final del 2014 contra Rivadavia, cuando se estiró en la línea para atajar un remate violentísimo y ganarse los aplausos de todo el estadio. ¡Qué arquero por favor!

A Maxi le gusta la pelota al piso, el buen juego, el buen pie. En una de nuestras charlas (por cosas de la vida siempre conversamos de fútbol) me manifestó que admira y reconoce a «Teti» Marro como el mejor DT de la Liga, aunque el planteo de último entrenador, Diego Vistalli, en el torneo pasado lo enloqueció. 

Jugó en la Primera C y en la D, aunque sueña con llegar a la B Metropolitana. Jugó la Copa Argentina y tuvo el placer de enfrentar a Mariano Campodónico, Leandro Lázzaro, Matías Almeyda y el «Beto» Acosta. Quizás le falte esa locura que caracteriza los arqueros, pero lo suple con la risa y el compañerismo con sus rivales en cada partido. 

Hoy nuestro homenaje es para Maxi Maglione, uno de los mejores arqueros de la Liga Lobense.