
De Sarmiento al mundo: la historia de Rubén Cousillas
Hay historias que empiezan casi de casualidad y terminan recorriendo el mundo. La de Rubén Cousillas comenzó en Roque Pérez, cuando tenía apenas 10 años y jugaba en la calle. Hoy, más de siete décadas después, vive en Sevilla, España, y forma parte del cuerpo técnico de uno de los clubes más importantes del país. Pero cuando habla de fútbol, todo vuelve al mismo lugar: Sarmiento.
“Recuerdo estar jugando en la calle, tenía 10 años, cuando paró un auto y un hombre me preguntó si quería ficharme en Sarmiento. Le dije que no sabía si mi padre me iba a dejar y me dijo que eran muy amigos. Así fue y empecé a jugar. Ahí comenzó un amor a primera vista para toda la vida”.
Aquellos primeros años transcurrieron en un Sarmiento muy diferente al actual, pero con algo que Rubén todavía reconoce: el sentido de pertenencia. “Era un club muy familiar. Viajábamos en camión a las canchas, iban con nosotros los dirigentes y sus esposas y después de los partidos nos invitaban con gaseosas y tortas caseras. Se generaba un vínculo muy especial entre todos”.
Entre sus recuerdos aparece incluso una imagen que hoy parece de otra época: los jugadores no tenían botines propios. “El club tenía una bolsa con varios que usábamos todos y, de acuerdo a quién llegaba primero, elegía los mejores”.
Su historia deportiva también comenzó allí. Debutó en Primera con apenas 14 años, en la cancha de Atlético, en 1972. Y años más tarde, ya como entrenador, vivió otro de sus grandes momentos: la final del TACO del 2000, cuando Sarmiento venció a su eterno rival y se convirtió en el único equipo de la ciudad en ganar aquel torneo.
Desde chico, Rubén tenía un sueño: ser futbolista. Para conseguirlo, asegura, le dedicó toda su vida y dejó muchas cosas de lado en pos de ese objetivo.
“Tuve la suerte de conseguirlo, pero jamás imaginé que iba a vivir todo lo que estoy viviendo. ¡Es un sueño!”.
Y vaya si lo fue.
En 2004 comenzó una nueva etapa al instalarse en España. Su recorrido profesional lo llevó por Villarreal, donde permaneció cinco años; Real Madrid, un año; Manchester City, tres; China, dos; West Ham, un año y medio; y actualmente Betis, donde comienza su séptima temporada.
Pero detrás de ese recorrido hay también una relación profesional que se convirtió en una de las grandes constantes de su vida: Manuel Pellegrini.
El entrenador llegó a San Lorenzo sin ayudante y en el club le hablaron de Rubén. Aceptó tomarlo a prueba durante tres meses. Ese período terminó convirtiéndose en 25 años de trabajo conjunto.
“Hemos forjado una gran relación, con los roles muy definidos y he gozado de su confianza y su generosidad para vivir cosas increíbles en todo el mundo”.
De cada club se llevó experiencias y aprendizajes. Pero entre los momentos que más recuerda aparecen haber ganado la Premier League, disputar varias veces la Champions League y conquistar la Copa del Rey con Betis.
Manchester City fue una etapa que disfrutó especialmente. “Es un gran club, con grandes jugadores, que te da todo lo que necesitás para trabajar sin ningún problema. Es un club que no tiene techo y está manejado muy bien”.
También recuerda con especial cariño su paso por Real Madrid, donde pudo conocer a Cristiano Ronaldo, a quien define como “un ejemplo de jugador y de profesional”, además de compartir vestuario con muchos otros grandes futbolistas.
China también significó una experiencia diferente, al igual que West Ham. Cada destino implicó adaptarse a nuevas culturas, ciudades y formas de vivir.
Pero también hubo sacrificios.
“Al principio es duro porque uno extraña la familia, los amigos, los lugares donde fui feliz. Pero también ese sacrificio me permite disfrutar de grandes ligas, conocer el mundo y que mi familia y amigos también disfruten de los viajes y ver partidos importantes. Sin sacrificio no se consigue nada”.
Hoy Sevilla es su casa. Comienza su séptimo año en Betis y destaca especialmente la pasión de su gente, que según cuenta se vive tanto en la cancha como en el día a día. También disfruta de la ciudad, su cultura, la Semana Santa, la Feria, su gastronomía y el clima.
“Es el lugar donde más cariño y reconocimiento he tenido, siendo que solo soy un colaborador de Manuel”.
Después de 25 años trabajando junto a Pellegrini, tampoco piensa en cambiar de rol.
“Luego de conocer a Manuel y vivir todo lo que he vivido no me planteo ser entrenador. Seguramente lo acompañaré hasta que se retire”.
A pesar de la distancia, hay algo que nunca cambió: su vínculo con Sarmiento.
Desde Sevilla mantiene contacto permanente con la institución. Su hija es la presidenta, el actual entrenador fue un jugador que él dirigió y sus amigos de toda la vida le cuentan lo que sucede en Roque Pérez.
“Sufro mucho todos los domingos esperando los resultados de los partidos”. Y si hay algo que deja claro es que la distancia nunca modificó su identidad.
“Roque Pérez es mi lugar en el mundo. Estoy orgulloso de haber nacido ahí, de tener mis raíces y de decir en todo el mundo de dónde vengo”.
Por eso, cuando habla de Sarmiento, ya no habla solamente de fútbol. Habla del lugar donde aprendió a competir, compartir, respetar y amar unos colores. También destaca el rol social que cumple actualmente la institución y el esfuerzo de dirigentes y allegados que trabajan gratuitamente para sostenerla y brindar contención a tantos chicos y chicas.
“Siempre voy a estar conectado al club y, cuando me retire de esta profesión, estaré ayudando a Sarmiento donde me necesite”.
A 83 años de su fundación, Rubén sigue mirando a Sarmiento desde miles de kilómetros de distancia, pero sintiéndolo tan cerca como aquel día en que un hombre frenó su auto mientras él jugaba en la calle.
“Sarmiento es el club de mi vida, el lugar donde mi corazón dio los mejores latidos”.












